Sentados y observando

A veces, en la tranquilidad que seguía a la marcha de los visitantes, Carla se sentaba con Marcus en la suave hierba cerca del recinto, simplemente observando a Leo y al cachorro jugar.
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Allí había una calma, una suave felicidad que perduraba incluso después de turnos largos y agotadores. Era un regalo que compartían, un recordatorio de nuevos comienzos.
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