Descenso cuidadoso

Leo y Mia bajaron con cuidado, agarrándose con las manos a la fría piedra mientras el agua los rociaba. Paso a paso, descendieron hasta que, por fin, sus botas chapotearon en el estanque poco profundo y cristalino del fondo.
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Allí les esperaba el hombre misterioso, que les recibió con una sonrisa amistosa y la mano extendida.
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