Cómo empezó todo

Este extraño descubrimiento comenzó a las 10:15 de la mañana del lunes. Los dos alpinistas, Leo Anderson y Mia Williams, estaban atravesando uno de los acantilados más escarpados del país.
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Acababan de tomar un descanso en una sección plana de la escalada y estaban listos para continuar cuando lo vieron.
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